hábito

Los hábitos crecen de noche

Hábitos crecen de noche“La hierba —como todas las cosas grandes e importantes del mundo— crece de noche, en silencio, sin que nadie la vea crecer”. Jose Luis Martín Descalzo

¿Cuando crecen los hábitos?

En 1998 leí el artículo de José Luís Martín Descalzo “La hierba crece de noche”. Recuerdo que el título me llamó la atención por el limitado sustento científico de la afirmación. Más allá de la literalidad, había mensajes, que más de 30 años después, siguen de plena actualidad.

De aquel artículo, quiero recuperar hoy el hecho de que la hierba crece sin que nadie la vea, esto significa que no puede apreciarse a simple vista. Aunque crece de forma continua, solo es posible verla con la perspectiva del tiempo. En el artículo se hace hincapié además en el silencio que debe implicar el crecimiento . Aunque no es obligatorio, en mi opinión es tremendamente recomendable.

De la misma forma que indica Martín Descalzo con la hierba, ocurre con el desarrollo de los hábitos. Los hábitos se crean poco a poco, en silencio y sin grandes estruendos. Se perciben con el paso del tiempo, por qué se basan en un trabajo continuo y callado que no se nota. Es necesario para «hacer crecer» aquellos hábitos que queremos cambiar en nuestra vida, de manera que los incorporemos a nuestra forma automática de actuar. Es lo que Daniel Goleman llama transferencia neuronal; donde la tarea pasa a ser incorporada al sistema ascendente, requiriendo menos atención en su ejecución.

Conclusión

En los tiempos líquidos que vivimos, donde la inmediatez es un valor en alza, es necesario reivindicar el crecimiento tranquilo, silencioso y continuo. Lo rápido es en muchos casos sinónimo de lo efímero. En mi propia experiencia, la creación de hábitos despacio, suele ser sinónimo de creación de hábitos sólidos. En la creación de hábitos huye de los atajos, de trucos, y de las recetas milagrosas. La clave está en la paciencia, y repetir, repetir, y repetir.

 

By | 2018-05-01T20:31:05+02:00 1 mayo, 2018|Categories: Efectividad|Tags: , |0 Comments

Puedes planificar tu vida pero no puedes controlarla

Planificar es inútilMe llamaba la atencion la semana pasada el anuncio de una compañía de seguros, cuyo lema de campaña es: «Puedes planificar tu vida, pero no puedes controlarla» Puedes ver el anuncio aquí.

En el anuncio aparece una familia modelo,la familia Villarejo, indica el locutor que incluso sincronizan los relojes cada noche para que no falle nada a la mañana siguiente. La casuística, sin embargo, hace que al final todo se vaya al traste, y al primer percance toda planificación cambia de manera radical.

Planificar consiste, como dice José Miguel Bolivar, en intentar adivinar que vas a hacer en un momento determinado. Cuando adivinas además, estas intentando adivinar 2 cosas:

  1. Circunstancias externas: El contexto. Para poder realizar las tareas necesitas tener posibilidad de realizarlas. Los contextos se crean en base a una de estas 3 situaciones:
    1. Personas: Para realizar la tarea prevista necesitas de otra persona o personas.
    2. Lugares: La tarea requiere estar en un lugar determinado y, o no se puede hacer en otro lugar, o lo más adecuado es hacerlo en ese lugar.
    3. Herramientas: Es aquella herramienta necesaria para realizar la tarea, como por ejemplo un ordenador, un teléfono, etc.
  2. Circunstancias internas: Tiempo y energía. Si todas las circunstancias externas se cumplen aún has adivinar las circunstancias internas en que te encontraras para realizar la tarea, estas son:
    1. Tiempo: Es el tiempo disponible para hacer la tarea. Cuando planificas intentas adivinar el tiempo disponible que vas a tener en un momento determinado.
    2. Energía: Es la capacidad para realizar las tareas, entendida como la atención necesaria para poder llevarlas a cabo. Intentar adivinar la energía que vas a tener en un momento determinado es una tarea difícil, puesto que puede ser que el nivel de energía necesario para acometer la tarea no sea el adecuado, con lo cual no la harás, o la harás por debajo de tus posibilidades. Si el nivel de energía es superior estarás desaprovechando esa energía para realizar otras tareas que te aporten más valor.

Cuando planificas, por tanto, estas intentando adivinar de antemano todas estas circunstancias, circunstancias externas que no dependen de ti, y circunstancias internas que aunque dependen de ti, son difíciles de controlar en un momento determinado, y que dado que nos movemos en entornos líquidos de continuo cambio es probable que varien segun lo que habíamos previsto. ¿De verdad te crees capaz de adivinar todas estas circunstancias y acertar con lo planificado siempre? Es cierto, el burro a veces toca la flauta por casualidad, pero esto no es lo habitual.

En vez de intentar adivinar, que vas a hacer el lunes a las 10 de la mañana, salvo que tengas que hacer algo que tiene que hacerse en una fecha objetiva, como una reunión,  lo más adecuado es dividir tus tareas por contexto, organizándolas según aquellos que necesitas para realizarlas, una persona, un lugar o una herramienta, y subdividirlas por tiempo y energía. Las tareas pueden conllevar mucho o poco tiempo y mucha o poca energía, con lo cual cada contexto puedo dividirlo en 4 tipos:

  • Mucho tiempo, mucha energía
  • Mucho tiempo, poca energía
  • Poco tiempo, poca energía
  • Poco tiempo, mucha energía

Lo explico con más detalle en este post

Con esta forma de trabajar, en vez de intentar adivinar que vas a hacer, adaptas las tareas a las circunstancias externas e internas de cada momento, porqué como bien dice el anuncio, puedes planificar tu vida, pero no puedes controlarla. Yo lo cambiaría por «Planificar es inútil, adáptate a la circunstancias teniendo la previsión adecuada«.

By | 2016-05-09T20:53:06+02:00 9 mayo, 2016|Categories: Gestion del tiempo|Tags: , , , , , |0 Comments

Mejorar la efectividad cambiará tu vida

efectividad profesional y personalLa productividad consiste en hacer las cosas de la manera más eficiente posible. En los entornos profesionales líquidos, caracterizados por el continuo cambio y las múltiples tareas a realizar, se hace además necesario, no solo hacer las cosas de manera eficiente, sino además elegir bien que cosas hacer, puesto que ante las diversas posibilidades, tenemos que decidir ademas que vamos a dejar sin hacer. Esto último es lo que se denomina eficacia. Por lo tanto en los entornos profesionales es necesario elegir bien que hacer (eficacia), y hacerlo de la mejor manera posible (eficiencia); la suma de las 2 cosas es lo que se denomina efectividad (eficacia y eficiencia).

La mayoría de las personas saben que mejorar la efectividad es una de las competencias profesionales más necesarias en los últimos tiempos, sin embargo consideran que no necesitan mejorar su efectividad fuera del ámbito profesional, imagino que porque creen que fuera del ámbito laboral no existen más cosas que hacer que tiempo disponible para realizarlas, o porque son capaces de disgregar en departamentos estancos las responsabilidades laborales de las personales.

Te invito a pensar, ¿Como cambiaría tu vida si no tuvieras estrés? ¿Como serías tú si las obligaciones asumidas, y las sobrevenidas, tanto en el ámbito personal, como en el profesional pudieras elegir adecuadamente cuales hacer y cuales no, y además hacerlas de la forma óptima. ¿Cuanta tranquilidad ganarías si supieras que has hecho lo que tenías que hacer de forma correcta?

¿Crees que merece la pena intentar conseguirlo? La buena noticia es que es posible. La única dificultad es que requiere compromiso, es como aprender a tocar un instrumento o aprender un idioma, solo es una cuestión de dedicación y de adquirir los hábitos necesarios para hacerlo.

La adquisición de los hábitos es un proceso que supone romper con algunos de los que tienes ahora y crear otros nuevos, pero los resultados merecen la pena.

Te invito a ponerte en camino.

By | 2016-05-02T21:21:08+02:00 2 mayo, 2016|Categories: Efectividad|Tags: , , |0 Comments

Por qué vas a fracasar en tus propósitos de año nuevo… Una vez más 

Fuerza de voluntadEl final de un año, junto con el principio del siguiente, suelen ser momentos de revisión y de planteamiento de nuevos propósitos que, con el año entrante, sí o sí, vamos a cumplir. Normalmente duran poco tiempo estos buenos propósitos y, durante el mismo, nuestro deseo de cambio no produce los efectos deseados.

La clave de que esto sea así ya la apuntó Albert Einstein hace tiempo:

Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.

Pretendemos cambiar realizando lo mismo. Alguno puede pensar que se ha puesto en marcha a realizar cambios pero que no ha servido de nada, a pesar de que lo hizo con determinación e, incluso durante un tiempo, fue capaz de cumplirlo. Sin embargo, no ha conseguido el cambio que esperaba llevar a cabo.

Me gustaría que pensaras qué ocurre el día antes de irte de vacaciones. Te das cuenta de que hay una serie de actividades que quieres hacer antes de irte y, con la idea de dejarlas hechas, te pones a trabajar de manera que, en un par de días consigues terminar todo lo que te habías propuesto, siendo capaz incluso de desatascar algunas tareas que llevabas tiempo posponiendo. ¿Por qué, de repente, dos días antes de las vacaciones eres capaz de hacer aquello que no habías sido capaz de hacer en 15 días? Esos 2 días, basándote en la necesidad de dejar hechas las tareas antes de vacaciones, has sido capaz, a través de la fuerza de voluntad, de realizarlas. En esos momentos, yo suelo plantearme qué pasaría si fuera capaz de hacer las tareas así todos los días del año. Sería magnifico trabajar tan bien siempre.

El problema es que ese trabajo basado en la fuerza de voluntad no es replicable en el tiempo. No lo es porqué nos hemos basado en la fuerza de voluntad, y esta nos permite cambiar nuestro comportamiento en un momento del tiempo y realizar cosas extraordinarias en momentos extraordinarios, pero realizar lo ordinario de manera extraordinaria es otro cantar. Por este mismo motivo el inicio de año, que es otro momento extraordinario por el propio significado de comenzar de nuevo, supone una oportunidad de cambio. El problema es que si buscamos realizar el cambio basándonos en nuestra fuerza de voluntad, hay una alta probabilidad de que fracasemos, puesto que la fuerza de voluntad no sirve de forma permanente.

¿Cómo podríamos entonces conseguir los cambios deseados? Para conseguir los cambios deseados tenemos que conseguir hacer lo extraordinario de manera ordinaria, y eso no se consigue basándote en la búsqueda del resultado, sino a través de la conducta necesaria para conseguir el propósito. Si consigues automatizar la conducta que te permite alcanzarlo serás capaz de acercarte a él de manera automática y permanente en tiempo. Si lo haces a través de la fuerza de voluntad serás capaz de mantenerlo el tiempo que seas capaz de mantener esa fuerza de voluntad, que es extraordinaria. Una conducta repetida de manera continua y permanente es lo que conocemos como hábito.

Al plantearte tus propósitos para el próximo año piensa en los hábitos que tienes que adquirir para conseguirlo. Si este año has decidido correr una maratón, intenta adquirir el hábito de correr un numero de días por semana antes de dar los siguientes pasos. Aprovecha tu fuerza de voluntad para conseguir los hábitos en vez del objetivo y comprobaras que adquiriendo hábitos los resultados llegan.

¿Te atreves a hacer cosas distintas para que tus resultados sean distintos?

By | 2016-04-22T10:52:23+02:00 10 enero, 2016|Categories: Efectividad|Tags: , , , , |2 Comments